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🦋 Te valoran cuando ya no estás

Te valoran cuando ya no estás. Cuando te preguntes; por qué te saqué de mi vida, la respuesta es fácil: yo ya no estoy en la tuya. Te quise, te he llorado, a ti; mi vida entregue. Pero tú, te mofaste de mi. Me hiciste llorar, me mentiste en muchas ocasiones, llorarás mucho cuando me veas con otra persona. A la mala te darás cuenta que ahora que no me tienes, es cuando más vas a valorar mis caricias, mi apoyo, mi voz y las ganas que yo le ponía, a la relación. Lamento decirlo; pero estarás triste.

Más que yo, pues el dolor que me causaste, todas las promesas que nunca me cumpliste, los besos que prometiste, y todas aquellas que nunca hiciste, te pesarán más. A veces me dan muchas ganas de que vuelvas a mi lado; luego recuerdo lo bien que estoy sin ti; y se me pasa. Porque cuando tú eras ausente; yo te comprendía. Ahora que es mi turno, te toca a ti entenderme.

Te llegaste a creer tan importante, que lo tenías todo para jugar con los sentimientos de los demás, y entre ellos; los míos. Nunca supiste valorar todo el amor, que yo te daba. Todo lo que hice y hubiera hecho por ti. No te guardo rencor alguno, alguien lo podría llamar “despecho”, yo le llamo sentimiento, ese que te causa mucha aflicción y que deja un enorme boquete en el alma.

Te juro que si hubiese sabido, el dolor que me causarías, por esto en lo que te convertiste, te habría abrazado con más fuerza a tu antiguo yo; le habría dado más besos, le habría llamado más veces. Si hubiese tenido consciencia de que esa vez, sería la última vez que vería a la persona de quien realmente me enamoré, habría aprovechado para huir tu voz. Habría grabado tus palabras, cuando estos expresaron genuino interés, y amor por mí.

Si me hubiesen dicho que esa fue la última vez, los últimos minutos, que te reconocería, te habría dicho más veces que te quería, y no hubiese asumido que lo sabías. Pero hoy ya no te reconozco más, no sé en qué te convertiste, no sé si ya eras así, y algo te cambió.

Te valoran cuando ya no estás


No me atrevo a decir, que “tú no eras así”, porque tal vez en el fondo, te quitaste la careta, y mostraste tu verdadero ser. Me sería más fácil aguantar el dolor de una despedida de alguien que en este mundo ya no está, pues dicen que las despedidas más dolorosas son aquellas que nunca se dicen.

Pero contigo es diferente, tú sigues aquí pero ya no eres la misma. Y tal vez nunca vuelvas a ser la de antes; porque para el caso, tú nunca fuiste aquello que me pusiste enfrente.

Te amé hasta las últimas, hasta que mi dignidad dijo: “ya no es para tanto”, te amé incluso al grado de pedirte disculpas, aún cuando claramente eras tú quien tenía la culpa. Ya no puedo verte, ni saludarte ni amarte como antes; ya no reconozco en esto en lo que te has convertido.

No eres ni la mitad de la persona que solías ser. ¿Qué pasó contigo?, ¿a dónde te fuiste?, ¿por qué ha pasado esto?, ¿por qué te hirieron quizás?, como desearía que volvieras a casa, sea donde sea que estés.

Me despido de ti; teniendo entre mis manos tus promesas de que volverás a ser la misma, y a su vez abriendo mis puños, para que tus palabras se desvanezcan, porque yo llegué al punto de humillarme, abandonar: familia, amigos, hogar y hasta hijos, por ti, por recuperar aunque sea un trozo de ti, de aquella persona que pintó en su momento, sonrisas en mi rostro; hoy me dices que cambiarás, que serás la de antes.

Pero no amor, ya me he estrellado varias veces con el muro de tus promesas.

Te juro que tus susurros; ya no van desordenar mi mente, y te juro me cuesta, porque todavía recuerdo aquellas veces en que pasamos juntos, en que solías decirme que yo era todo tu mundo, que sin mí, la vida no sería la misma.

Te juro que luché hasta el cansancio para hacer que volvieras. Pero no soy mago, no tengo el poder de cambiar tus pensamientos, sé en lo profundo que tus sentimientos se vuelvan hacia otra persona.

Me dices que seamos amigos, que nos distanciemos por un tiempo, que la vida, da sus reveses, y que este es algo temporal. Que la soledad ahora es lo que más te inquieta. Y me pides que me quede aquí sentado esperando a que vuelvas.Pero no amor, estés en donde estés, yo no voy a firmarte un “después”. La vida marcha y yo con ella.

Pues aprendí a quererme, a apreciarme, a no mendigar espacios. Pues si tú me quieres en tu vida, me darás mi sitio, yo no tengo que estar pidiendo un lugar. Estos últimos tiempos, te volviste tan ausente, que amarte me fue difícil, pues no estabas cerca de mí.

Ahora que te dejé, ya no te puedo prometer ningún tal vez. Lamento que hasta ahora comprendas mi valor, lamento que hasta ahora te hayas dado cuenta de todo el amor que te di, ya no queda huella en mi alma, ya no hay puntos de retorno. Si algo queda, quedará entre los dos, entre la memoria vivirá nuestra historia.

Tu lugar está en el pasado; lo que era ya no es. Ya no fantasees con un después, mejor para ti, si no lo intentas. Pues por amarte así, con tanta devoción me perdí, me extravíe en el intento de que fueras lo que alguna vez solías ser.

Te llevaré en mi alma, porque en mi vida ya no cabes.

Te llevaré en mi alma, de un recuerdo tuyo muy diferente; el de la niña tierna que cuido de mí, mientras yo de ella. Solo queda el eco, recuérdame como tú quieras. Pues por amarte así con tanta ilusión, todavía me pesan los días, porque tu recuerdo persiste en mi corazón; pero es mi mente, la que se ha propuesto ya olvidarte.

Dejar de ir tras tu huella; dejar de suplicar por el amor que me negaste un día, dejar de perseguir tu sombra. Ya no te miento más, antes fue diferente. Porque si bien es cierto alguna vez te dije que ya no te quería, la verdad te mentía.

Pero esto es diferente, porque esto ya no es querer. Esto ya va en serio, es algo que va más de la distancia, que va más allá de la nostalgia. Es despedirme de ti cada noche, y abstenerme de llamarte, y que lo nuestro desaparezca cada día más, porque ya no somos más.

A veces pienso que es mentira, la forma en cómo te fugaste de mi vida, pues en el principio me enseñaste una vida juntos, una amanecer de aquellos que aprecian mágicos. Nunca me enseñaste el sabor amargo de tus mentiras, nunca me enseñaste del ajenjo de tus traiciones, no me me hablaste de lo punzante de tus palabras cargadas de rencor.

No es nada fácil, cuando te hieren. No me enseñaste esta versión de ti. Ni cómo lidiar con ello. Pues la persona de quien me enamoré se ha ido. Ahora estoy sin ti; sin esa persona que alguna vez estuvo y ahora no es más, que el eco de lo que alguna vez fuiste. Este amor por ti; ya no volverá más, ni siquiera es un amor por ti, sino porque lo que alguna vez fuiste.

Recuérdame; no como la persona que más te amó, sino como a aquellas que más lastimaste, porque eso te recordará que si la vida te cobra, por lo que hiciste, entonces tendrás memorias de que fuiste tú quien lo provoco. Porque; cuando tuviste un amor bueno entre tus manos, tú misma te encargaste de destruirlo. Te digo adiós, y te pido de sobras, que no; vuelvas más.

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